100.000 euros en vajillas y otros enseres de menaje doméstico, 40.000 en televisores, 7.000 euros en un sofisticado sistema para controlar la iluminación, 4.000 en siete teléfonos y 375 míseros euros -calderilla- en una escobilla para el retrete cuya marca ya se ha hecho famosa. Son algunos de los gastos en los que incurrió Jaume Matas, ex ministro de Aznar y ex presidente balear, en la reforma del céntrico palacio de Palma de Mallorca, del siglo XVI, que adquirió –según la fiscalía- con una rebaja en su precio de 1,5 millones de euros.
Leía el inventario de los Matas este fin de semana en los periódicos y las preguntas se me amontonaban en la cabeza. ¿En qué consistirá el control de luces –modelo Lutrón- de más de un millón de las antiguas pesetas? ¿Mezclará colores e intensidades automáticamente en función del estado de ánimo de los inquilinos de la vivienda? ¿O será parecido a la mesa de luces de una discoteca? Y la escobilla del retrete, ¿será perfumada, desinfectante, o tal vez se limpie automáticamente una vez utilizada?


