
Las “chiquibecas” del Ayuntamiento de Logroño -subvenciones públicas a plazas de guardería infantil- son un claro ejemplo de cómo una política social y redistributiva puede ser pervertida hasta convertirla en un despilfarro de dinero público de tinte populista y fines electoralistas. La anterior corporación municipal -una coalición de socialistas y regionalistas- fijaba un límite de 15.000€ de renta por miembro de la unidad familiar a partir del cual no podía obtenerse esta ayuda municipal. Pero el nuevo equipo de gobierno del Partido Popular decidió tras las elecciones del 22-M eliminar ese tope de renta para que cualquier familia pudiera, a priori, recibir las “chiquibecas”.
En las bases de la convocatoria, el criterio de la renta familiar desaparecía como requisito de los solicitantes, pero continuaba considerándose a la hora de baremar las solicitudes y adjudicar las ayudas en función de la puntuación obtenida por cada familia. De hecho, las diferencias en renta podían traducirse en 33 puntos de diferencia en la baremación, muchos más que los asignados a familias numerosas o monoparentales (1 punto en ambos casos). Por lo tanto, a priori, la renta familiar seguía siendo un criterio relevante -aunque no excluyente- para otorgar las ayudas. Sin embargo, en la práctica, las “chiquibecas” se han repartido indiscriminadamente, a todas las familias de Logroño que cumplían los requisitos más elementales: básicamente, estar empadronados en la ciudad y tener un hijo en edad de ir a la guardería. La renta familiar y el resto de circunstancias familiares solo se han tenido en cuenta para determinar la cuantía de las ayudas mensuales, que oscilan entre los 100 y los 175 euros .
¿Qué ha hecho el Ayuntamiento para conceder subvenciones a todas las familias independientemente de su renta? Ampliar la partida económica asignada inicialmente a las “chiquibecas” (de 0,9 a 1,5 millones de euros) para que todas las solicitudes admitidas reciban la ayuda municipal. De esta forma, la baremación obtenida por las distintas familias (en función de la renta y del resto de criterios) no ha condicionado en absoluto la concesión o no de las subvenciones. La progresividad -a menos renta, más ayuda pública- se reduce a una pequeña variación en la cuantía de las subvenciones. Pequeña porque, mientras la renta de una familia puede ser hasta 9 veces superior a la de otra -ejemplo puesto hoy por el PSOE-, la mayor chiquibeca solo puede ser 1,75 veces superior a la inferior.
En plena crisis económica, con el déficit de las administraciones públicas bajo lupa, el Ayuntamiento de Logroño gastará el próximo curso escolar 670.000 euros más en “chiquibecas” que el anterior. Detrás del eslogan de Cuca Gamarra, “más dinero para ayudar a más familias que nunca”, se esconde un reparto indiscriminado de recursos públicos a familias que no lo necesitan, sustrayéndolo de otras partidas municipales que, a diferencia de la educación de 0 a 3 años, sí son competencia exclusivamente municipal. Un despilfarro populista, a semejanza de los 400 euros de Zapatero, inadmisible en los tiempos que corren.

Resulta paradójico que el Partido Popular 
