a pie de calle


3
sep 16

Escribir

Una amiga me envía un mensaje por WhatsApp desde Londres: “Deberías escribir más a menudo”. Un recuerdo de los días en que nos conocimos, cuatro septiembres atrás, la ha traído a este blog abandonado. Y su mensaje me ha arrastrado a mí unas horas después.

Hace años que no escribo sólo por el placer de liberar ideas que vagan por la cabeza y jugar con las palabras. Llevo demasiado tiempo escribiendo sólo por obligación, siempre en tercera persona, con una estructura más o menos prefijada y un contenido que la mente procesa pero no construye desde cero. Son textos con pretensión de veracidad y un objetivo comunicativo concreto, y esos rasgos imponen presión a la escritura. Cualquier tema tiene tantas vertientes, tantos matices, que es fácil caer en el miedo a la inexactitud o el desenfoque. Una presión que se añade a la de combinar palabras, puntos y comas de la forma más armónica posible. Porque escribir es también una forma de artesanía: la única al alcance de los torpes y los manazas.

Escribir por puro placer sobre las ideas que vagan por la cabeza libera la escritura de presiones y rigideces. Permite disfrutar más libremente de la orfebrería de las palabras. Y, al mismo tiempo, al reunir ideas dispersas y darles una estructura, produce una cierta sensación de liberación y calma. Como si nuestra mente desocupara espacio para retener nuevas ideas que pasan fugaces por el pensamiento en el día a día. Muchas de esas ideas no suelen compartirse oralmente por convencionalismos: silencios socialmente impuestos que vetan emociones y reflexiones íntimas. Son el precio de la normalidad.

Sin la escritura, millones de ideas quedarían atrapadas en la soledad de nuestras mentes y terminarían por evaporarse con el paso del tiempo. Las palabras nos permiten inmortalizarlas y transformarlas en experiencias compartidas que se enriquecen con nuevas aportaciones.


19
jun 13

Distancias

Cuarenta minutos de trayecto entre el piso que compartía en Marqués de Vadillo y el campus de la universidad. Una distancia recorrida durante meses de lunes a viernes y a razón de dos trayectos al día. Primero unos minutos de paseo por el Madrid Río (entonces recién estrenado) para coger el autobús urbano a Plaza Elíptica y de allí un autobús verde interurbano hasta la autoproclamada capital del Sur.

Cuarenta minutos de un desplazamiento repetido día tras día. Una rutina rota solo por pequeñas variaciones: el retraso de un autobús, la longitud de la fila de espera del siguiente o las paradas en las que alguien pulsaba el botón para bajarse. Pequeñas notas de color en un trayecto que acumulaba caras fijas a medida que se repetía día tras día: las de los conductores que se turnaban para cubrir la línea y las de los pasajeros habituales. Entre estas últimas caras, alguien que compartía el trayecto completo: los cuarenta minutos de rutina entre el barrio y la universidad.

Compartimos esperas en la parada del autobús y colas en la puerta de salida del interurbano. Separados solo por unos pocos pasos, recorríamos juntos la pequeña distancia que separaba la parada de llegada de un autobús y la puerta de salida del siguiente. Nos bajábamos en la misma parada, en la calle Madrid de Getafe, y caminábamos separados por esos pocos pasos hacia los edificios de la univerisdad.

Al cabo de las semanas, empezamos a saludarnos en nuestro encuentro matutino en la parada del autobús, pero seguimos respetando esa prudente distancia que nos separaba dentro del autobús y fuera de él. Nunca compartimos asientos contiguos ni caminamos a la par en los pequeños trayectos compartidos a pie.  El discreto saludo matutino acabó formando parte de la rutina y lo repetíamos si a lo largo del día nos volvíamos a cruzar en la universidad o si el fin de semana coincidíamos en la estación de metro del barrio —él con su novia, yo solo—.

Por lo demás, ambos mantuvimos escrupulosamete las distancias como si tuviéramos un pacto implícito para que el rutinario comienzo del día siguiera siendo un poco íntimo y solitario. Nunca hubo una palabra más ni una tímida aproximación. Era una rutina con dos distancias: los cuarenta minutos de trayecto y los pasos de separación entre nosotros. La vida está llena de distancias: unas se respetan mientras que otras acaban rompiéndose; algunas se acortan y otras se alargan.


26
ene 11

Nuha o Vidas descartadas

NUHA

Esta castaña es para ti, lugar acogedor, perseverante, pegajoso, viscoso… A ti que no tienes miedo, que paras para mirar hacia atrás, que buscas respuestas y no sigues corriendo.

Descubrí a Bauman en búsqueda de respuestas. Después de hablar del rosa y del azul, de la solidez y la liquidez, de los vínculos humanos, Pablo me recomendó que leyera al sociólogo polaco. Así que robé unos cuantos ratos a los apuntes de Macroeconomía para leer Vida líquida, deteniéndome en unos párrafos y pasando más rápido por otros. Necesitaba encontrar palabras para describir la sensación que me aterrorizaba por aquel entonces: la provisionalidad de un mundo en el que todo fluye sin más. En un movimiento continuo y frenético, lo consumimos todo para acabar desechándolo, aparecemos y un buen día desaparecemos, generando toneladas de  desperdicios y basura, pero tapándola para que no huela, para que no nos estorbe, para que podamos seguir consumiendo, desechando, siendo líquidos…

En Bauman encontré algunas respuestas, quizá un poco de consuelo, pero también nuevas preguntas: ¿cómo sobrevivir en la modernidad líquida?, ¿cómo buscar la solidez sin morir en el intento?, ¿por qué desde pequeños nos dicen que hay que ser duros y fuertes?, ¿quizá para que luego podamos fluir en el río de la vida líquida?… ¿Y por qué está mal visto sufrir con la basura?, ¿por qué no podemos llorar ante el cubo de desechos y desperdicios?

Consumo exuberante, esperas ansiosas, existencias atormentadas, corredores hacia ninguna parte, castañas arrebatadas, excesos, muchos excesos… y vómitos… y vidas desechadas. Las palabras de Bauman cobran vida en Nuha o Vidas descartadas, la última creación del Laboratorio de Danza de la UC3M. Una explosión de sentimientos, frustraciones y vivencias, entre la danza y el teatro, a la que asistimos el viernes en La Tabacalera. Es difícil ver Nuha y no sentirse un poco descartado y otro poco productor de residuos, víctima y culpable, al mismo tiempo, de la modernidad líquida.


13
dic 10

Nieve, sauna y mermeladas

Me gustan las mermeladas de frutas del bosque, excepto la de arándanos, que a mi paladar le resulta un poco fuerte y sólo la tolera en pequeñas dosis por tostada. Las de fresas, frambuesas, moras o grosellas están riquísimas y a años luz de esas mermeladas gelatinosas que venden los supermecados españoles. Aquí, al abrir el tarro cada mañana, la cuchara se tropieza inevitablemente con voluminosos trozos de fruta, y el olor y el sabor me recuerdan a esas pequeñas recolecciones de moras y mayatas (fresas silvestres) de los veranos en Torrecilla. Nada que ver con las mermeladas industriales con sabor a concentrado de frutas; las de aquí son de verdad: como las que hacían mis abuelos en el pueblo.

Me gusta vivir rodeado de pequeños bosques convertidos en parques tan naturales que no necesitan los cuidadados de ningún servicio municipal de aguas y jardines. Disfruto atravesándolos cada día para ir a la estación de trenes o a la autovía desde donde cogemos el autobús en dirección al centro de la ciudad. Mientras los recorro, pienso que estoy de paseo en un día de asueto, aunque en realidad vaya con el tiempo justo para llegar a clase. Cuando el reloj lo permite, me desvío del camino principal durante unos minutos para sentirme aún más lejos de la civilización. Dejo de andar y miro alrededor y también hacia arriba: a las copas de los árboles. Todo está blanco, como en las postales navideñas, y aunque no hay mucha luz, el reflejo de la nieve ilumina la estampa.

Sudar, esa asquerosidad tan veraniega, que nos pega la ropa al cuerpo, se convierte en un pequeño placer relajante cuando se produce dentro de una sauna finlandesa. La tensión arterial baja, y si consigues evitar que la temperatura excesiva te agobie, diez minutos segregando sudor te liberan un poco de los estreses y las preocupaciones del día. También acompañan el olor a madera, la luz tenue del lugar, y una buena ducha posterior con agua templada, para compensar el acaloramiento. Si al plan le añadimos conversación relajada con amigos y sidra en lata (peor que la asturiana, claro), es fácil entender por qué los finlandeses van a la sauna como quien se va de cañas.


23
jun 10

Mujeres republicanas


8
may 10

Grafiti

andrés barragán

Los artistas son Eduardo Álvarez y mi primo Andrés Barragán, de cuyo trabajo fotográfico en África ya hablé en este blog hace justo un año. Ahora nos deleita la vista con este grafiti basado en una imagen del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado. Podéis comtemplarlo en vivo junto al rectorado de la Universidad Complutense de Madrid.


19
ene 10

Exámenes

“Cuando estás de exámenes no tienes tiempo libre. Cuando estudias, te aburres; y cuando haces otra cosa que no es estudiar no lo disfrutas porque no paras de pensar que deberías estar releyendo los temas. Te obsesionas y te sientes culpable. [...]

Y es que cuando tienes que estudiar, descubres lo interesante que es todo. Tu habitación se vuelve fascinante, te entran ganas de hacer la cama, de ordenar papeles, de leer los libros que te regalaron el año pasado y miraste con cara de asco. Todo es divertidísimo de repente, hasta los clips, o despeinarte y mirarte al espejo. Se te ocurren montones de buenas ideas que harías si no tuvieses que estudiar”.

Fernando en su siempre recomendable blog.


1
dic 09

Contra el VIH y su estigma

Hoy se celebra el Día Mundial del Sida, un buen momento para recordar la importancia de no bajar la guardia en la prevención del VIH, pero también para denunciar el estigma que sufren los afectados por el virus. Siempre se difunden los datos de nuevas infecciones y vías de contagio, pero apenas conocemos la discriminación que sufren las personas seropositivas. Los datos hablan por sí solos: el 59% de los ciudadanos se sentiría incómodo si su hijo compartiera colegio con un niño seropositivo, un tercio de los españoles evitaría el contacto con una persona que vive con el VIH y el 18% estaría de acuerdo en hacer públicos los nombres de las personas afectadas para poder evitarlos.

Hay que luchar contra el virus pero también contra el estigma que sufren quienes viven con él. De ahí el lema elegido este año por el Ministerio de Sanidad, “Detrás del sida hay mucha vida”, y la celebración de la primera edición de VIHvO!, una muestra de arte y cultura frente al estigma del VIH organizada por la Fundación Triángulo.


29
ago 09

I Beers&Twits en La Rioja

El viernes celebramos en Logroño el primer encuentro de usuarios riojanos de Twitter. Al llegar, pensé que era el evento más friki al que he asistido nunca. Al final resultó divertido poner cara a la gente a la que lees y charlar sobre lo humano y lo divino.

beer tweets

De izquierda a derecha, un servidor, Conrado Escobar, Juan Boronat y Fran Hidalgo. Abajo, Dani Carrillo y Luis Miguel Elvira. La foto la hizo Fermín Palacios. También estuvieron en la quedada Pablo Hermoso y César León, pero se fueron antes de que inmortalizáramos el momento.


28
ago 09

Viajes ZP



Vía: Salga el sol por donde salga, el recién estrenado blog de Julio Castillo.