Llevo un tiempo rumiando la idea y quiero compartirla con ustedes. Es encomiable la labor que realizan las asociaciones contra el ruido para defender el derecho a un sueño digno, pero su campo de actuación es claramente insuficiente. Proliferan nuevos tipos de ruidos que son más difíciles de medir que el generado por un bar con la música a todo volumen o por unos vecinos que utilizan su piso como sala de fiestas. Sonómetro en mano, la policía puede perseguir estos excesos sonoros, pero hay otros que no son clasificables en función de sus decibelios y que escapan por tanto a su control.
Ese vacío legal es el que pretende solucionar mi propuesta: una movilización ciudadana contra el ruido que generan o amplifican algunos políticos, tertulianos, medios de comunicación, internautas y aficionados varios al griterío. La industria política ha creado profesionales del ruido, cuya principal encomienda es ocupar el espacio mediático aunque no tengan nada que decir más allá de descalificaciones, frases hechas o mensajes demagógicos. Los medios de comunicación han alimentado estos monstruos haciéndose eco de sus palabras en lugar de someterlos a un severo régimen de aislamiento.


