Posts Tagged: políticos


17
feb 14

¿Y si el problema es el mercado?

Iba yo a  utilizar esta humilde columna para reivindicar mi trabajo y pedir al mandamás de la oficina (bueno, de muchas oficinas) que fuera generoso y compartiera conmigo las sobras de esos millones de euros que, según cuentan los periódicos, ganó el año pasado. Había pensado proponerle que se quede con los millones redondos y me deje lo que resta a la derecha de la coma: migajas para él, una fortuna para mí. Estaba rumiando cómo justificar el uso mendicante de esta columna, sin jugarme el pellejo a lo Maruja Torres, cuando Carlos Eguizábal me sorprendió la semana pasada pidiendo una subida de sueldo, pero no para él, sino para nuestros políticos… ¡Los pobres!

En un artículo muy interesante, como todos los que publica en este periódico, Eguizábal razona que mejores salarios atraerían más talento a la política y podríamos elevar así el nivel de nuestros representantes. Siguiendo su argumento, en el mercado laboral de la política habría un problema de oferta: escasez y poca calidad de quienes se postulan a cargo público por los bajos salarios que ofrece el sector en comparación con las remuneraciones de la empresa privada.

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25
may 10

Cajasur como síntoma

¿Cómo gestionaría un cura una caja de ahorros? ¿Qué haría un político sentado en el consejo de administración de una entidad financiera? ¿A qué se dedicaría un sindicalista si pudiera cortar el bacalao en una caja? Este podría ser el inicio de un chiste sobre el intercambio de oficios y puestos, pero no lo es: las hipótesis planteadas se dan en la realidad y las respuestas podemos conocerlas.

Los curas que estaban al frente de Cajasur, además de hacer manitas con el PP durante años para enfrentarse a la Junta de Andalucía,  apostaron por la especulación inmobiliaria como estrategia para la expansión de la caja. El objetivo último parecía ser aumentar el poder eclesiástico a través de los fondos de la obra social y dando empleo a más de 3.000 personas. La creación de empleo es una causa loable, pero sólo si el negocio lo sustenta, y no era el caso de la caja cordobesa, con una plantilla hinchada que debía ser recortada para poder fusionarse con otra entidad.

Una caja de ahorros es un manantial de poder económico, político e incluso mediático. Y los curas, en lugar de compartir ese poder con los malagueños de Unicaja, han preferido que la caja caiga por su propio peso (el de su morosidad y sus pérdidas). “O mía o de nadie”, rezaba el domingo un lúcido titular de El País. En la decisión no han primado los intereses de Cajasur sino la cerrazón de sus dirigentes, lo que supone una perversión del sistema de las cajas de ahorros porque éstas, a diferencia de los bancos, no tienen propietarios, sólo gestores.

Pero no sólo los curas tienen intereses propios, distintos a los de la caja de ahorros, cuando gestionan una de estas entidades. A los partidos políticos les preocupa mucho la obtención de crédito para financiar sus apoteósicas campañas electorales, y las cajas de ahorros también les permiten apoyar o no a determinadas empresas, medios de comunicación incluidos, mediante la concesión de créditos y el control de un gran volumen de inversión publicitaria. Por eso, es necesaria una reforma que ponga el control de las cajas en manos de buenos gestores financieros alejados de otro tipo de intereses y preocupaciones.

Publicado en Rioja2.com el 25/05/2010.


30
mar 10

Malos olores

100.000 euros en vajillas y otros enseres de menaje doméstico, 40.000 en televisores, 7.000 euros en un sofisticado sistema para controlar la iluminación, 4.000 en siete teléfonos y 375 míseros euros -calderilla- en una escobilla para el retrete cuya marca ya se ha hecho famosa. Son algunos de los gastos en los que incurrió Jaume Matas, ex ministro de Aznar y ex presidente balear, en la reforma del céntrico palacio de Palma de Mallorca, del siglo XVI, que adquirió –según la fiscalía- con una rebaja en su precio de 1,5 millones de euros.

Leía el inventario de los Matas este fin de semana en los periódicos y las preguntas se me amontonaban en la cabeza. ¿En qué consistirá el control de luces –modelo Lutrón- de más de un millón de las antiguas pesetas? ¿Mezclará colores e intensidades automáticamente en función del estado de ánimo de los inquilinos de la vivienda? ¿O será parecido a la mesa de luces de una discoteca? Y la escobilla del retrate, ¿será perfumada, desinfectante, o tal vez se limpie automáticamente una vez utilizada?

Lo confieso: me pudo más la curiosidad que la indignación; y por un momento, quise que uno de esos programas tan de moda en la televisión, Callejeros o Comando actualidad, nos adentrara en la mansión monumental de los Matas para conocer uno a uno los detalles del lujo, la domótica y la sofisticación. Me acordé entonces de un amigo italiano que siempre que hablamos de la mafia, de Berlusconi, o del explosivo resultado de ambos, dice que el problema de Italia es que una buena parte de sus ciudadanos se han acostumbrado a ese estado de las cosas.

¿No iremos los españoles camino de algo parecido en lo que se refiere a la corrupción política? Al final, la creencia de que “todos roban”, la generalización de la sospecha a todos los políticos, reduce nuestro nivel de indignación ante cada caso concreto, como si fuera un mal endémico, casi inevitable, de los profesionales del ramo. Y los partidos no contribuyen lo suficiente a evitar este clima de desconfianza y putrefacción. Es más, parece que en ocasiones –lo estamos viendo con Garzón y el caso Gürtel-, en función del escalafón que ocupan los implicados, prefieren mirar para otra parte y ocultar las aguas sucias, exactamente igual que la Iglesia con los casos de pederastia.

Pero cuando los malos olores salen de los palacetes y llegan a la calle, los olfatos acaban perdiendo sensibilidad y sólo perciben el hedor general. El resultado es que los ciudadanos no distinguen y optan por tirar de la cadena, aunque luego tengan que limpiar el retrete con una humilde escobilla de la ferretería del barrio.

Publicado en Rioja2.com el 30/03/2010.


16
mar 10

Fallos de comunicación

Hagan una prueba. Aborden a un concejal, alcalde, consejero o presidente de un gobierno que atraviese una mala racha y pregúntenle por las causas del desgaste sufrido, traten de sonsacarle alguna confesión de los errores en los que han incurrido. Lo más probable es que no obtengan respuesta alguna, pero si los problemas de su partido son demasiado evidentes, o el susodicho se siente obligado a hacer un ejercicio de modestia, les reconocerá, como mucho, que cometen fallos de comunicación. “No comunicamos bien”, esa frase que en boca de un político sirve por igual para justificar un roto que un descosido.

El desgaste continuado del gobierno de Zapatero, palpable en todas las encuestas, ha generalizado en el seno del PSOE la creencia de que el Ejecutivo no explica bien sus propuestas. Los fallos de comunicación son los únicos que algunos dirigentes socialistas –no muchos- se atreven a reconocer en público, al mismo tiempo que piden mayor claridad en los mensajes que llegan a la opinión pública. La confusión que generaron en agosto distintas declaraciones sobre la subida de impuestos fue achacada a problemas de comunicación, al igual que ha ocurrido recientemente con la propuesta de reforma de las pensiones o con las contradicciones dentro del gobierno por el salario de los funcionarios.

Para hacer frente a esos supuestos fallos, el presidente ha optado por uno de sus habituales golpes de efecto: fichar al director de un periódico nacional (Félix Monteira, de ‘Público’) como Secretario de Estado de Comunicación. Un nombramiento sorprendente que puede interpretarse como una prueba de la influencia que ejerce Roures sobre Zapatero, o, al contrario, como una deslealtad del presidente hacia su periódico amigo, arrebatándole a Monteira sólo un año después de que éste desembarcara en ‘Público’ proveniente de ‘El País’. Me decanto por la segunda interpretación: no es estético para un medio de comunicación que su director cambie de acera y salte al gobierno de un día para otro.

¿Logrará el nuevo Secretario de Estado enmendar la imagen del gobierno? La pregunta lleva implícito otro interrogante: ¿el desgaste se debe a fallos de comunicación o a errores de otro tipo? Zapatero debería saber que la comunicación no es una varita mágica capaz de transformar la realidad. Difícilmente se pueden trasladar mensajes claros y ordenados cuando el guión de fondo no cumple esas cualidades.

Publicado en Rioja2.com el 16/03/2010.


16
feb 10

Pacto contra el ruido

Llevo un tiempo rumiando la idea y quiero compartirla con ustedes. Es encomiable la labor que realizan las asociaciones contra el ruido para defender el derecho a un sueño digno, pero su campo de actuación es claramente insuficiente. Proliferan nuevos tipos de ruidos que son más difíciles de medir que el generado por un bar con la música a todo volumen o por unos vecinos que utilizan su piso como sala de fiestas. Sonómetro en mano, la policía puede perseguir estos excesos sonoros, pero hay otros que no son clasificables en función de sus decibelios y que escapan por tanto a su control.

Ese vacío legal es el que pretende solucionar mi propuesta: una movilización ciudadana contra el ruido que generan o amplifican algunos políticos, tertulianos, medios de comunicación, internautas y aficionados varios al griterío. La industria política ha creado profesionales del ruido, cuya principal encomienda es ocupar el espacio mediático aunque no tengan nada que decir más allá de descalificaciones, frases hechas o mensajes demagógicos. Los medios de comunicación han alimentado estos monstruos haciéndose eco de sus palabras en lugar de someterlos a un severo régimen de aislamiento.

En  plena crisis económica, con las graves consecuencias que ha traído, especialmente sobre el empleo, el ruido se hace aún más insoportable y produce hartazgo escuchar a tertulianos repartiendo culpabilidades a tantos parados por barba o ver debates parlamentarios en los que se otorgan medallas de campeón del paro o de la deuda. Hay tanto ruido, tanto grito inútil, que apenas queda espacio público para debatir sobre las debilidades de nuestra economía, hablar de propuestas novedosas para el sistema de pensiones -como la planteada recientemente por Jordi Sevilla- o discutir sobre el futuro de la Unión Monetaria Europea, necesitada de una mayor coordinación de las políticas fiscales.

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3
ene 10

Políticos y partidos

“El día en que los políticos sepamos que nuestras actas dependen más de los electores que de las cúpulas de los partidos, habremos dado un paso importante para prestigiar a la llamada clase política. Para ser diputado, debería ser más eficaz llevarse bien con quien vota las candidaturas que con quien las confecciona”.

José Bono en una entrevista en El Mundo.


3
nov 09

La desconfianza en las siglas

La corrupción afecta directamente a uno de los cimientos de la democracia: la confianza de los ciudadanos en la clase política y en sus gobernantes. El Indicador de Confianza Política, medido por el barómetro del CIS, se sitúa este mes de octubre en el 36.5, el valor más bajo desde 1996. Hace solo un año, antes de que estallara el caso Gürtel, el indicador alcanzaba el 40,3. Está claro que la corrupción y la difícil situación económica están detrás de estos datos, pero hay otros problemas endémicos de la clase política que también promueven la desconfianza. Hablemos de algunos de ellos.

Los políticos se dirigen a la opinión pública como si sólo estuviera formada por ‘hooligans’, o peor aún: se enzarzan entre ellos en discusiones estériles olvidándose de la indiferencia o el rechazo que provocan en la mayoría de los ciudadanos. Los portavoces de uno y otro partido rellenan todos los días el espacio mediático con frases hechas, demagogas y previsibles, que aportan poco o nada a las cuestiones de fondo que se están tratando. Algunos ejemplos: las ruedas de prensa del riojano Carlos Cuevas, referidas casi siempre al Partido Socialista, o las declaraciones que acostumbra a hacer la socialista Leire Pajín, hablando día sí y día también de lo que hace el Partido Popular. ¿Interesan sus mensajes a los ciudadanos, o más bien al contrario: generan rechazo hacia una clase política que piensa que no hay vida más allá del enfrentamiento entre sus siglas y las opuestas?

Cada día es más difícil escuchar en boca de un político un argumento interesante, una opinión constructiva o una preocupación social que se salga de la agenda mediática. Los partidos elaboran y distribuyen argumentarios para que sus cargos repitan las ideas clave ante unos medios de comunicación que, en plena crisis de su modelo de negocio, no se atreven a poner fin a una espiral de declaraciones fácil de cubrir pero que aburre a la mayoría de sus lectores.

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