1.- Es un error estratégico de Zapatero haberse enemistado con Prisa, el principal grupo de comunicación español y aliado tradicional de los socialistas. El presidente favoreció nada más llegar a la Moncloa el surgimiento de otros medios en la órbita del PSOE (Público y la Sexta), una apuesta inteligente teniendo en cuenta que los socialistas sólo contaban con un grupo de comunicación afín a nivel nacional, mientras que el PP suma unos cuantos. Sin embargo, Zapatero no ha sido capaz de hacer los equilibrios necesarios para mantener contento al Grupo Prisa y conservar su respaldo. Dos motivos han podido cegarle en sus maniobras mediáticas: la amistad que le une a los propietarios de Mediapro y la creencia de que puede prescindir del apoyo de El País, Cuatro y la Cadena SER. Lo que ha ocurrido estos días debería servir al presidente para darse cuenta de la fuerza que tiene el Grupo Prisa: sus críticas al Gobierno se han convertido en el principal asunto informativo e incluso han acaparado la atención de la prensa internacional.
2.- Prisa ha endurecido sus críticas al Gobierno por motivos empresariales, lo cual es totalmente legítimo, pues cualquier empresa está en su derecho -incluso diría que en la obligación- de defender su negocio. La Cadena SER, Cuatro, y especialmente El País, han subido el tono de la crítica a Zapatero en tan sólo dos semanas, y justo después de que el Consejo de Ministros aprobara el decreto que regula la TDT de pago. Esta rápida maniobra, en busca de una solución de última hora antes de que el Congreso convalidara el decreto, puede mermar la credibilidad de los medios del grupo. A partir de ahora, los lectores serán más suspicaces en la búsqueda de posibles intereses que se escondan detrás de las noticias.
3.- Son acertadas muchas de las críticas de El País a Zapatero y el PSOE se equivoca al desoírlas con el pretexto de que responden sólo a intereses empresariales. Zapatero ha prescindido en el Gobierno y en el partido de algunos pesos pesados, mientras que ha optado por ascender rápidamente a algunos jóvenes con escasos méritos y poca trayectoria a sus espaldas. Además, ha llevado a cabo demasiados cambios en su Ejecutivo, especialmente en algunas carteras que han sufrido continuos cambios de titular, de nombre y de competencias. Los errores en política económica han sido constantes: el reparto populista de 400 euros por contribuyente liquidó el superávit, justo cuando más falta iba a hacer para incrementar la inversión pública y reactivar la economía y el empleo. El plan 2000 E para la compra de coches, anunciado antes de haber sido negociado con las comunidades autónomas, o los globos sonda de la subida de impuestos, de los que todo el mundo habla sin tener certeza alguna, son otros errores cometidos. En demasiadas ocasiones, este Gobierno da la sensación de improvisar, de gobernar a golpe de anuncios efectistas y de pensar demasiado en los titulares del día después (Leguina dixit). Y el problema no es que El País lo cuente, sino que los errores son reales.