¿A quién no le gusta que le reconozcan el esfuerzo, el trabajo bien hecho o las cualidades que uno tiene? Mentiría si dijera que no me ha hecho ilusión recibir hoy uno de los Premios de Excelencia 2010 que otorga la Universidad Carlos III de Madrid. Pero, al mismo tiempo, solemos obtener reconocimientos externos en las facetas de la vida en las que menos los necesitamos, en lugar de en aquellas en las que nos sentimos más inseguros. Pequeños reconocimientos, muestras de afecto cotidianas, nos harían mucho más felices que otros aparentemente mayores y envueltos de pomposidad.
Pensaba en ello esta mañana mientras esperaba sentado en el Aula Magna, con las manos sudorosas y nervioso por las formalidades y rigideces de ese tipo de actos. Me sentía intranquilo, además, porque siempre me han advertido que saludo muy mal estrechando la mano: sin la rigidez o tensión necesaria, con la mano “fofa”, como dicen en el curso de protocolo de Telemadrid. Espero que Esperanza Aguirre no lo haya notado demasiado cuando he estrechado la suya al recoger el premio. Ni el sudor ni la languidez han sido premeditados. De hecho, me he esforzado por evitarlos.
En el vino posterior he coincidido con la twittera Cristina Cifuentes, vicepresidenta de la Asamblea de Madrid y diputada del PP, y hemos estado hablando sobre la convivencia entre diputados de distintos grupos parlamentarios. A falta de otras fotografías del acto -espero conseguirlas-, os dejo la que ha tomado ella con su móvil para publicarla en Twitter.

Y lo más importante: muchas gracias a quienes habéis venido.

