Piedad Arribas ha vivido en prisión 16 años de los 90 que acumula a sus espaldas. Era una adolescente cuando, armada con un fusil, acompañó a su padre al frente de Cercedilla, nada más iniciarse la Guerra Civil, y allí lo vio por última vez. A ella la arrestaron y pasó en la cárcel los tres años de guerra, hasta 1939, cuando fue puesta en libertad y detenida de nuevo en un brevísimo intervalo de tiempo. Fue condenada a muerte, pero le conmutaron la pena y tuvo que peregrinar por las cárceles de Carabanchel, Quintanar, Guadalajara y Ocaña, donde las presas sólo recibían agua cada 24 horas.
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