¿Puede un colegio con una mayoría de alumnos inmigrantes garantizar la siempre proclamada igualdad de oportunidades? ¿O estamos condenando a miles de niños y niñas a heredar la misma condición social y económica que sus familias?
Las preguntas son aplicables a cientos de colegios en toda España; de hecho, la UE ya alertó en 2005 del riesgo que tenía nuestro país de crear guetos escolares, pero en Logroño podemos poner un rostro concreto a esta situación: el Colegio Público San Francisco. En este centro, casi el 100% de los alumnos son gitanos o inmigrantes, “por lo que se les priva de relacionarse con aquellos que suponen más del 85% de la población”, según denuncia una maestra del colegio en una carta publicada hoy por varios medios de comunicación.
El desconocimiento del idioma, la llegada continua de nuevos alumnos y la falta de motivación al aprendizaje que tienen aquellos que provienen de ambientes sociales marginales son los problemas cotidianos del colegio San Francisco y suponen, según Isabel Cano, que no pueden ofrecer una educación igual a la de otros centros.
“Tienen la igualdad de oportunidades vetada en su educación; tendrán, como sus padres, las peores casas, los peores trabajos, si los tienen y, si algún día algunos de ellos incendian nuestros coches, como ocurrió en Francia, ¿serán ellos los únicos responsables?”, se pregunta esta maestra, que exige a la Consejería de Educación un cambio en el sistema de escolarización para evitar que ningún aula tenga más del 20% de alumnos pertenecientes a minorías sociales.
Le responde el Director General de Personal y Centros Docentes a través del periódico gratuito ADN: “No es un gueto, es el reflejo de las familias que viven en el entorno“. Al parecer, el relato de la situación que hace la maestra del San Francisco no ha logrado remover su conciencia.
Por cierto, ¿qué fue de aquella propuesta que hizo el PSOE en 2004 para trasladar a niños inmigrantes a colegios de otros barrios?










En algun cajón escondido, al lado de la declaración de igualdad de estudio para los niños.
Además Alegre tiene la solución, ir mandando a esos niños una temporadita a un colegio especial para su adaptación creando otro gueto y así no repercutir en la enseñanza concertada.
Es imposible garantizar la igualdad de los alumnos.
La segregación de alumnos, por sexos, por condiciones sociales perpetúa la desigualdad de clases y de géneros.
De esta manera luego pueden justificar esas políticas de “falsa solidaridad” que denominan “cooperación”.
SALUD Y PROGRESO.