La publicación del informe ha coincidido precisamente con una mesa redonda en Madrid sobre la invisibilidad de la diversidad afectivo-sexual en el sistema educativo, en la que han participado el Ministerio de Educación, un representante del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, los sindicatos UGT y CCOO, la confederación de padres CEAPA y la FELGTB, que organizaba el acto y ha decidido que la educación sea su principal caballo de batalla durante el 2009.
Con este año temático, la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales quiere visibilizar una problemática (la homofobia en el sistema educativo) que han estudiado a fondo en varios informes y que arroja datos alarmantes. En una encuesta realizada a más de 4.600 jóvenes entre 11 y 19 años de los municipios de Coslada (Madrid) y San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria), el 65% de los que se identificaban como homosexuales aseguraron haber sufrido algún tipo de insulto o agresión homófoba. Una problemática que es conocida por el conjunto del alumnado, ya que el 76% de los encuestados reconoció que sus compañeros homosexuales son tratados injustamente.
En la mesa redonda se ha hablado mucho de la importancia de visibilizar la diversidad en las aulas, dejando de lado la presunción de heterosexualidad y mostrando a los alumnos referentes positivos de gays y lesbianas; pero también han salido a relucir los muchos obstáculos que existen a la hora de llevar a cabo esta tarea: la falta de formación y de herramientas que tiene el profesorado, la reticencia de algunos docentes y el rechazo de un importante sector de la sociedad a hablar de homosexualidad en las aulas.
Ocurre que en este asunto, como en otros muchos, la derecha ha logrado imponer su discurso: que el derecho de los padres a decidir la formación de sus hijos prevalece sobre los derechos de estos últimos. Lo expliqué en otra ocasión en el blog:
El 18 de junio de 2005, en aquella manifestación contra el matrimonio y la adopción homosexual, a algunos se les llenaba la boca al hablar del “interés del menor”, pero luego siempre ponen por encima el derecho de los padres a decidir la educación sus hijos. Menuda incoherencia. Hay que poner siempre por delante el derecho de todos los menores, sea cual sea su orientación sexual, a recibir una educación que les permita el desarrollo libre y armónico de su afectividad y su sexualidad.
Dicho queda.










Una cosa está clara: mientras la educación del país esté en manos de la Iglesia católica y pagada en parte por los impuestos de todos; las reformas para visualizar este y otros temas de vital importancia social enfrentarán más dificultades de las esperables. Y eso no es bueno…
Mucho les pides que se haga en las escuelas, si no ven ni lo más obvio, como en el caso que nos ocupaba esta semana de atrás.
No creen que sus jóvenes tengan o deban tener relaciones sexuales, naturales y consentidas, como para hacerles creer que el amor es posible entre personas del mismo sexo.
Vamos, esto de sin armarios yo lo veo “Misión Imposible III”
Efectivamente creo que se le exige mucho a la Educación. Para empezar debería llamarse Enseñanza y no Educación.
La Educación se ha de impartir en “casa”, con unos valores propios y se debe complementar con una formación académica y en valores.
Propongo una Enseñanza en la que se traten los temas sociales y otorgue a los alumnos instrumentos para enfrentarse a otras realidades sociales: nuevas familias, nuevos valores, nuevos ciudadanos.
Pero cada cual con su papel. Escuela = enseñar
Familia y entorno= Educar.
Porque luego nos quejammos de que hay fracaso escolar. Lo que ocurre es que muchos padres han “dimitido” del papel “educador” y lo han delegado o “al Estado” o a “los colegios privados”.
SALUD Y PROGRESO.