2
dic 14

Podemos: una oportunidad para la socialdemocracia

En tan solo medio año, Podemos ha moderado considerablemente las propuestas económicas con las que concurrió a las elecciones europeas de mayo y ha utilizado, por primera vez, una etiqueta tradicional para situar ideológicamente su nuevo programa: “Las propuestas que asumimos son las que hasta no hace mucho tiempo iba a asumir cualquier socialdemócrata”, dijo Pablo Iglesias el pasado jueves.

Ya en la noche electoral del 25 de mayo, Iglesias dejó claro que el objetivo de Podemos no era ocupar un lugar destacado —pero marginal— en el espectro político sino pelear por la hegemonía. Y desde entonces, el camino de Podemos ha ido dirigido a ese propósito: por un lado, convirtiendo el movimiento en un partido estructurado y jerárquico; y por otro, moderando algunas de sus propuestas y dirigiendo su inconcreto discurso a un espectro muy amplio del electorado. Ese objetivo declarado de “ocupar la centralidad del tablero” se materializó la semana pasada en una serie de propuestas promocionadas por el propio Iglesias como de tradición socialdemócrata.

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18
sep 14

Dos años perdidos

En febrero de 2012, los socialistas riojanos depositaron su confianza en César Luena para reemplazar al tres veces derrotado Martínez Aldama, y el flamante nuevo Secretario General les prometió cambiar el PSOE para cambiar La Rioja. Dos años y medio después, Luena ha renunciado formalmente a cambiar La Rioja y el PSOE busca ahora, a solo nueve meses de las elecciones, un candidato (o candidata) dispuesto a poner su rostro en el cartel de un partido sin rumbo.

En cuanto a su primera promesa, cambiar el PSOE, ciertamente la ha cumplido. Nunca los socialistas riojanos habían tenido, al mismo tiempo, un Secretario General de fin de semana, una ‘número dos’ desaparecida de la escena política y un portavoz parlamentario en sus ratos libres. Los tres han ejercido sus funciones a tiempo parcial, residual en algunos casos, y, sin embargo, Luena concedió la dedicación exclusiva a su rival en el congreso de 2012, como coordinador parlamentario sin proyección pública, y a su padrino Pérez Sáenz, el eterno ex presidente.

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2
may 14

Feliz día del trabajo

Marta encontró su primer trabajo en un laboratorio de análisis clínicos gracias a una oferta que le envió el Colegio Oficial de Biólogos. La llamaron para una entrevista, respondió un sinfín de preguntas y finalmente resultó la elegida para el puesto. Se incorporó al laboratorio de inmediato, pero el contrato no llegó hasta dos meses después, tras un periodo de prueba gratuito que el dueño del laboratorio disfrazó de dificultades burocráticas y acumulación de trabajo en la gestoría de la empresa.

Durante esos dos meses de espera, Marta hizo más horas de las que estipularía después su contrato, trabajó a cambio de nada —ni siquiera de las gracias— y sin un seguro que la protegiera de los riesgos de manejar peligrosas sustancias químicas. Aun así, puede sentirse afortunada: en ese mismo laboratorio trabajan a día de hoy falsos estudiantes, ya licenciados, sin tener siquiera la expectativa de firmar un solo papel que los ampare.

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27
feb 14

El equilibrista en la trastienda

Un director de periódico es una especie de equilibrista entre los deseos de sus lectores y las ambiciones de sus anunciantes. Un juego especialmente complicado cuando la cabecera se dirige a lectores críticos que no se conforman con un relato descafeinado de la realidad y demandan titulares rabiosos y verdades incómodas para el poder. Los anunciantes, en el otro lado de la cuerda, exigen un trato complaciente a cambio de sus inserciones publicitarias y no están dispuestos a que el diario cruce ciertas líneas rojas que todo director conoce perfectamente.

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17
feb 14

¿Y si el problema es el mercado?

Iba yo a  utilizar esta humilde columna para reivindicar mi trabajo y pedir al mandamás de la oficina (bueno, de muchas oficinas) que fuera generoso y compartiera conmigo las sobras de esos millones de euros que, según cuentan los periódicos, ganó el año pasado. Había pensado proponerle que se quede con los millones redondos y me deje lo que resta a la derecha de la coma: migajas para él, una fortuna para mí. Estaba rumiando cómo justificar el uso mendicante de esta columna, sin jugarme el pellejo a lo Maruja Torres, cuando Carlos Eguizábal me sorprendió la semana pasada pidiendo una subida de sueldo, pero no para él, sino para nuestros políticos… ¡Los pobres!

En un artículo muy interesante, como todos los que publica en este periódico, Eguizábal razona que mejores salarios atraerían más talento a la política y podríamos elevar así el nivel de nuestros representantes. Siguiendo su argumento, en el mercado laboral de la política habría un problema de oferta: escasez y poca calidad de quienes se postulan a cargo público por los bajos salarios que ofrece el sector en comparación con las remuneraciones de la empresa privada.

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23
dic 13

El sueldito y nada más

El otro día, un señor que lleva 36 años (432 meses) recibiendo una nómina en su cuenta corriente afirmó que la cultura de “buscar el sueldito y nada más no es el camino adecuado para construir la sociedad en el futuro”. Y lo peor es que lo dijo, según sus propias palabras, para dignificar la figura del empresario y fomentar el emprendimiento, como si para dignificar a unos tuviera que denigrar a otros. Qué flaco favor le hizo a la CEOE, suficientemente empeñada ella sola en deteriorar la imagen de los empresarios, ¿o no se acuerdan de Díaz Ferrán?

Con sus palabras sobre “el sueldito y nada más”, Pedro Sanz me recordó a las empresas que piden moderación salarial sin acordarse nunca de moderar sus beneficios; a los directivos que proclaman las bondades de la flexibilidad laboral mientras blindan sus rígidos contratos; o, sin ir más lejos, a sus propios compañeros de partido, que nos piden un esfuerzo colectivo para salir de la crisis, pero se repartieron impunemente elbotín que Bárcenas contabilizaba en sus manuscritos.


18
dic 13

Competencias

Tuve un profesor de periodismo que desconocía la existencia de un tipo de media, la ponderada, que le permitía asignar distinta importancia a cada una de las prácticas de su asignatura. El hombre quería que una de las noticias que habíamos redactado tuviera menos peso en la nota final y no se le ocurrió otra forma de lograrlo que hacer una innovadora media aritmética en la que excluía esa nota de la suma, pero la dividía por el número total de prácticas, incluida la noticia en cuestión. Después, al resultado de esa extraña división, le sumaba unas pocas décimas —decididas al tuntún— que variaban en función de si habíamos hecho mejor o peor aquella noticia.

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12
dic 13

Democratizar los partidos

Imaginen por un momento que Carme Chacón hubiera ganado a Rubalcaba en el congreso de Sevilla y que, tras la victoria de César Luena en La Rioja, ambos se hubieran visto obligados a convivir o, al menos, a tolerarse con sus más y sus menos, como Rubalcaba y Tomás Gómez.

Supongan que Chacón, harta de tener que aguantar a una dirección discrepante y con su propio criterio, hubiera decidido suspender de sus funciones a la Ejecutiva riojana después de pelearse con Luena por la elección del portavoz en el Parlamento de La Rioja. Ya sé que es difícil imaginar a Chacón preocupada por nuestro humilde parlamento, pero hagan un pequeño esfuerzo e imagínenla destituyendo a Luena de un plumazo y mandándolo a su casa, con una mano delante y otra detrás, y sin posibilidad de recurrir la decisión tomada en Madrid.

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7
dic 13

Noticias usurpadas

Conozco a unos cuantos logroñeses que, al recibir ‘De Buena Fuente’ cada viernes en el buzón, cuentan las imágenes en las que aparece la señora alcaldesa mostrando a sus gobernados lo ajetreada que es la vida de los mandatarios. Antes inauguraban cosas grandes —tamaño y burbuja van de la mano— y organizaban costosos eventos en los que fotografiarse. Ahora, con la crisis, inauguran bancos (de los de sentarse), marquesinas, tiendas de ultramarinos o, en el mejor de los casos, Mercadonas.

La crisis ha rebajado el nivel de sus apariciones ante la necesidad imperiosa de seguir figurando y tratar de superponer sus estampas a las que nos ofrece la cruda realidad: temporeros hacinados en la estación de autobuses, miseria en el corazón de la ciudad, polígonos industriales desiertos, inútiles edificios públicos vacíos y persianas bajadas en otrora calles comerciales.

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19
jun 13

Distancias

Cuarenta minutos de trayecto entre el piso que compartía en Marqués de Vadillo y el campus de la universidad. Una distancia recorrida durante meses de lunes a viernes y a razón de dos trayectos al día. Primero unos minutos de paseo por el Madrid Río (entonces recién estrenado) para coger el autobús urbano a Plaza Elíptica y de allí un autobús verde interurbano hasta la autoproclamada capital del Sur.

Cuarenta minutos de un desplazamiento repetido día tras día. Una rutina rota solo por pequeñas variaciones: el retraso de un autobús, la longitud de la fila de espera del siguiente o las paradas en las que alguien pulsaba el botón para bajarse. Pequeñas notas de color en un trayecto que acumulaba caras fijas a medida que se repetía día tras día: las de los conductores que se turnaban para cubrir la línea y las de los pasajeros habituales. Entre estas últimas caras, alguien que compartía el trayecto completo: los cuarenta minutos de rutina entre el barrio y la universidad.

Compartimos esperas en la parada del autobús y colas en la puerta de salida del interurbano. Separados solo por unos pocos pasos, recorríamos juntos la pequeña distancia que separaba la parada de llegada de un autobús y la puerta de salida del siguiente. Nos bajábamos en la misma parada, en la calle Madrid de Getafe, y caminábamos separados por esos pocos pasos hacia los edificios de la univerisdad.

Al cabo de las semanas, empezamos a saludarnos en nuestro encuentro matutino en la parada del autobús, pero seguimos respetando esa prudente distancia que nos separaba dentro del autobús y fuera de él. Nunca compartimos asientos contiguos ni caminamos a la par en los pequeños trayectos compartidos a pie.  El discreto saludo matutino acabó formando parte de la rutina y lo repetíamos si a lo largo del día nos volvíamos a cruzar en la universidad o si el fin de semana coincidíamos en la estación de metro del barrio —él con su novia, yo solo—.

Por lo demás, ambos mantuvimos escrupulosamete las distancias como si tuviéramos un pacto implícito para que el rutinario comienzo del día siguiera siendo un poco íntimo y solitario. Nunca hubo una palabra más ni una tímida aproximación. Era una rutina con dos distancias: los cuarenta minutos de trayecto y los pasos de separación entre nosotros. La vida está llena de distancias: unas se respetan mientras que otras acaban rompiéndose; algunas se acortan y otras se alargan.